sábado, 8 de mayo de 2010

cuento por entregas

Ayer apareció en la esquina un cadáver. Estaba negro, como corroído por el tiempo. No olía mal, sin embargo, pero era extraño no poder acercarse por la cantidad de moscas que rondaban. Estaba extendido, explayado sobre la acera fría y en pantaloncillos. Las moscas lo tocaban, saboreándolo, como la más rica comida del día. la sangre le escurría por los hombros, ya seca, dejandole una estela difuminada por el pecho y las axilas. Había sido un hombre fuerte, sin duda, por las enormes manos que se le podían ver y por el trapecio, tremendo en comparación con el mío.

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